Opinión

Con el espejo del vecino

Por Adalberto Llinás Delgado
Twitter @AdalbertoLlinas

La historia política de América Latina es muy similar. Nuestros países proceden de procesos de independencia y construcción de República, buscando cada uno una identidad propia, encaminados a la democracia, como modelo de gobierno.

Con un cambiante y controversial escenario, las democracias latinoamericanas han estado sujetas frecuentemente a numerosas transformaciones y crisis.

En 1968, Acción Democrática y COPEI dominaban electoralmente al vecino país de Venezuela. Estos partidos dominantes, se acusaban mutuamente del excesivo gasto electoral y cuestionaban el origen de los fondos utilizados por el contrario. En 1973, la duración de la campaña y la cantidad de recursos económicos utilizados eran de tal magnitud, que estaban fuera del alcance de todos los partidos, salvo de AD y COPEI. Las denuncias por corrupción y malversación de fondos eran frecuentes. En esa ocasión el electorado se polarizó fuertemente, dando comienzo al característico bipartidismo, ya que sólo tenían opción real de ganar la presidencia dos candidatos, Carlos Andrés Pérez por Acción Democrática y por el COPEY Lorenzo Fernández, obteniendo la victoria en la urnas el candidato Carlos Andrés Pérez, de AD.

Dos hechos cambiarían el rumbo del vecino país: el martes 4 de febrero de 1992, un grupo de militares ejecutó un intento de golpe de Estado en Venezuela. El Intento golpista no logró sus objetivos y los rebeldes se rindieron. Entre los oficiales rebeldes que comandaron esta maniobra se encontraban, principalmente, cuatro tenientes coroneles del ejército: Hugo Chávez, Francisco Arias Cárdenas, Yoel Acosta Chirinos y Jesús Urdaneta.

Cuando aún resonaban los tiros y las bombas de la frustrada asonada encabezada por el teniente coronel Hugo Chávez en 1992, Rafael Caldera dijo ante el Congreso esta célebre frase que le catapultaría por segunda vez a la presidencia: “Es difícil pedirle al pueblo que se inmole por la libertad y por la democracia, cuando piensa que la libertad y la democracia no son capaces de darle de comer”.

Después de estar dos años en prisión, el 26 de marzo de 1994 Hugo Chávez fue liberado de la cárcel de San Francisco de Yare, gracias a un indulto otorgado por el presidente Rafael Caldera, producto de un acuerdo con los partidos MAS y PCV.

Durante los años siguientes, Chávez inició una gira por Venezuela para dar a conocer sus ideas, creó el Movimiento Quinta República (MVR) y logró la alineación de toda la izquierda venezolana en el Polo Patriótico. Finalmente, la unión de partidos de izquierda ganaría las elecciones parlamentarias del 8 de noviembre de 1998 y llevaría Hugo Chávez a la Presidencia de la República en las elecciones del 6 de diciembre del mismo año, cargo que desempeñaría hasta su muerte el 5 de marzo de 2013. Durante su enfermedad, Nicolás Maduro, siendo vicepresidente, asumió las funciones administrativas y económicas de Venezuela. A Hugo Chávez se le conoce como el promotor de una democracia participativa y protagónica que él llamo el Socialismo del Siglo XXI.

Al morir Chávez, el 5 de marzo de 2013, tres días después Maduro asumió la jefatura de estado y de Gobierno como presidente encargado de Venezuela hasta la celebración de elecciones presidenciales.

Nicolás Maduro fue proclamado presidente de la República Bolivariana de Venezuela luego de las elecciones presidenciales del 14 de abril de 2013 , gobernando hasta el día de hoy. Llevando al país vecino a la mayor de la crisis económica, social y política.

La Investigadora de lenguas y lenguaje, procesos comunicativos, discurso, sociedad, Vanessa Courleander en su artículo El “pueblo” en campañas electorales venezolanas, referencia al ciudadano venezolano, no como un agente activo asociado con acciones y procesos materiales, sino más bien como un ente pasivo al que se le adjudican procesos mentales y afectivos que le permiten soñar, sentir, y mantener la esperanza de cambio.

La polarización extrema en la política venezolana se manifiesta en todos los ámbitos de interacción del país. Entre los hechos más inquietantes se destacan la escasez de alimentos básicos, los altos niveles de criminalidad, el aumento de la violencia, la posibilidad de una escalada armada entre sectores adversarios de la población civil, la persecución a los medios de comunicación y el desconocimiento mutuo entre el oficialismo y la oposición como interlocutores válidos en la búsqueda de una salida a la crisis. El llamado, Socialismo del Siglo XXI, causó esta tragedia previsible, mientras declara un gran amor por los pobres, sus ciudadanos padecen el hambre, sin embargo sus funcionarios han malversado miles de millones de dólares, considerado como el país gobernado de manera más inepta.

Las elecciones a gobernaciones del domingo dieron una victoria aplastante al oficialismo, según cifras oficiales. La oposición venezolana se ha negado a reconocer esos resultados y ha denunciado trampas e irregularidades masivas por parte del aparato del Estado durante los comicios. Una condición fundamental para que las elecciones sean un instrumento efectivo para la solución de las necesidades del votante es que se trate de elecciones realmente competitivas y transparentes, distante a lo ocurrido el pasado domingo.

Hoy más que nunca, la unión de la Oposición es necesaria, desaprovecharon un tiempo valioso de fervor popular y marchas multitudinarias, participando en unas elecciones regionales, sin ninguna garantía. Tal vez, hoy parafraseando a Caldera tendríamos que decir, Es muy difícil pedirle al pueblo que se inmole por la democracia, cuando piensa que los elegidos, no son capaces de darle ni de comer.

La crisis venezolana se convirtió en un tema de discusión en Colombia, pero no será que nos estamos mirando en el espejo del vecino, hay que preservar nuestra democracia de los huracanes del populismo y la posverdad.

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