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Un mal recuerdo de Édgar Perea Arias

Que el título de esta nota no asuste. No hablaremos mal del más grande locutor deportivo que ha tenido Colombia. Solo recordaremos un episodio que para esta un servidor está presente y que pone de manifiesto un aspecto de los últimos días del más grande narrador. 

Era temporada de eliminatorias al mundial de Brasil 2014. En ese momento, iba -junto a un colega- en un taxi para llegar al sur de Barranquilla y cubrir algunas impresiones del juego para un periódico cuyo nombre no puedo (o no debo, o no quiero) recordar. Llovía. Y en demasía. 
No dejaba de llover y por cosas de la vida, en el encierro de un vehículo que trataba de serpentear un arroyo, nos enteramos que Édgar Perea Arias, el más grande locutor deportivo en la historia de Colombia, narraría el encuentro a través de la cadena Todelar. En lo particular, escuchar a Perea era una experiencia maravillosa; lo había podido comprobar en la Telepolémica del Canal Uno y, tener el placer de estar atento de su narración en radio era todo un placer. Era traer a la memoria los mejores tiempos de una infancia llena de partidos de fútbol en un televisor sin volumen, y una radio encendida con el inconfundible vozarrón del ‘Negro’. 
Me dispuse a escucharlo, pero la señal radial era pésima. ¡Pésima! 
La cadena Todelar en Barranquilla hace siglos había perdido la calidad en su transmisión. Pero era lamentable que no se pudiera escuchar de forma nítida un relato tan vívido. Sin embargo eso no importó: Perea estaba en el aire, animando al público, sacando sus dotes de prestidigitador en las peores condiciones técnicas. 
Pero lo peor sucedería después. Tras unos minutos, la señal se perdió. Se disipó y nadie daba explicación de lo ocurrido. 
Persistí en mi intento. Seguí escuchando la estática esperando a que, en cualquier instante, se reestableciera la comunicación. 
Al cabo de unos minutos empezó a escucharse una vieja balada y la alerta de un locutor en cabina diciendo que pronto volvería la transmisión pues “problemas técnicos” (luego se supo que fue un bajonazo de luz que dejó por fuera la emisora) impedía el enlace con el Estadio Metropolitano. Más aún: el equipo de comunicación de Perea se había visto también afectado y por ello, debía narrar vía telefónica. Craso error.

Al final, con tantos impasses, seguí atento -aunque con desdén- la narración. Sin embargo, tantos percances y el mal estado de la señal desdibujaban por minutos al gran hombre que estaba relatando el encuentro deportivo. Era triste, tristísimo, que Perea (el gran Perea) no estuviese en una gran cabina comandando la sintonía como en otrora. Su voz se iba dilyendo, no solo por el canal telefónico en el que se emitía y el viejo transmisor que irradiaba su grito; también por los años que inexorablemente habían pasado sobre el ‘Negro’.

Por ello es mejor recordarlo como siempre fue y no, nunca, como ese día. 


Por Ian Farouk Simmonds

Twitter: @sietediasco

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