SANTA MARTA_ La cuenta regresiva comenzó para uno de los símbolos naturales más reconocidos del barrio 20 de Julio, en Santa Marta. La gigantesca bonga ubicada en la carrera 16 entre calles 6 y 7 será retirada mediante una compleja operación que está prevista para comenzar este jueves y que podría tardar entre tres y cuatro días.
Durante décadas, el árbol ha formado parte del paisaje y de la memoria colectiva del sector. Bajo su sombra crecieron generaciones de habitantes y su ubicación terminó convirtiéndolo en un punto de referencia para la comunidad. Sin embargo, su pronunciada inclinación y el deterioro de su estructura comenzaron a representar un riesgo para las viviendas cercanas, especialmente durante episodios de lluvias y fuertes vientos.
La intervención responde a una orden judicial que determinó la necesidad de realizar una tala controlada ante el peligro para los residentes. En abril, el Juzgado Quinto Laboral del Circuito de Santa Marta declaró improcedente una acción de tutela que pretendía detener el procedimiento y mantuvo vigente la decisión anterior del Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado.
Una operación de alta complejidad
Antes de comenzar los trabajos, personal técnico realizó una evaluación en terreno para establecer la manera más segura de desmontar progresivamente el enorme árbol.
Eddy Mendivil, representante de Más Ser Solution, explicó que inicialmente se contempla utilizar dos grúas, con capacidades de 10 y 8 toneladas. Dependiendo de las condiciones que encuentre el equipo técnico y del ángulo necesario para las maniobras, podría sumarse una tercera grúa.
Uno de los principales desafíos será retirar las ramas y partes del árbol ubicadas directamente sobre las viviendas. Esa zona será atendida inicialmente y, una vez despejada, los trabajadores avanzarán hacia el grueso tronco, que deberá ser cortado por segmentos para impedir una caída descontrolada.
La presencia de redes eléctricas también obliga a coordinar cuidadosamente las maniobras. La intención es desmontar la bonga de manera progresiva hasta dejarla cortada al nivel del piso.
En los trabajos participarán la Oficina para la Gestión del Riesgo y Cambio Climático (Ogricc), el Departamento Administrativo Distrital de Sostenibilidad Ambiental (Dadsa), Atesa, Más Ser Solution y la Secretaría de Movilidad.
Debido al despliegue de maquinaria pesada, será necesario cerrar temporalmente la carrera 16 entre las calles 6 y 7 mientras se desarrollan las labores.
Estudios determinaron deterioro estructural
La decisión de retirar el árbol ha estado precedida por meses de debate. Un concepto técnico del Dadsa estableció que, aunque la bonga conserva follaje y apariencia vital, presenta un severo deterioro en la base del tronco, incluyendo cavidades y afectaciones del tejido leñoso que comprometen su estabilidad.
Antes de recomendar la tala se evaluaron alternativas como podas y tratamientos de conservación. Los especialistas concluyeron que estas opciones no resolverían el daño interno ni devolverían resistencia estructural al ejemplar. Como compensación ambiental, se estableció la entrega de diez plántulas de especies nativas o frutales para actividades de reforestación.
Una despedida para el barrio
Para algunos habitantes, la intervención genera sentimientos encontrados. Yaleisi Rojas, una de las residentes que durante años pidió una solución ante el riesgo, recordó que creció alrededor de la bonga y que su familia hace parte de los primeros pobladores del sector.
La preocupación por una eventual caída, sin embargo, terminó imponiéndose sobre el deseo de conservar el árbol. Los residentes más próximos temían especialmente las temporadas de lluvias y los fuertes vientos debido a su cercanía con las viviendas.
Tras la remoción, algunos vecinos plantean sembrar nuevos árboles, entre ellos especies frutales como el mango, para mantener zonas de sombra y vegetación sin reproducir en el futuro los riesgos que actualmente representa la enorme ceiba.
Cuando las grúas comiencen las labores este jueves, no solo arrancará la tala de un árbol deteriorado. Para el barrio 20 de Julio será también la despedida de un elemento del paisaje que acompañó durante décadas su crecimiento y terminó formando parte de la memoria de sus habitantes.







