SANTA MARTA_ Mantener relaciones afectivas saludables no solo genera bienestar emocional. La evidencia científica indica que los vínculos de pareja, familiares y de amistad tienen efectos sobre el funcionamiento del cerebro, la regulación del estrés y otros factores asociados con la salud y la longevidad.
La neurocientífica Stephanie Cacioppo, estudiosa de las conexiones humanas, sostiene que el amor constituye una necesidad biológica importante para el bienestar. Esta relación se explica, entre otros factores, por la activación de circuitos cerebrales vinculados con la recompensa, el apego, la motivación y la cognición social.
Investigaciones con técnicas de neuroimagen han mostrado que observar a una persona amada puede activar regiones del cerebro relacionadas con la motivación y la recompensa. En estas interacciones también intervienen sustancias como la oxitocina, asociada con procesos de confianza, reconocimiento emocional, comportamiento social y regulación del estrés.
La neuróloga clínica Melissa Gutiérrez explicó que el amor y la compañía pueden generar beneficios neurológicos tanto funcionales como estructurales. Entre sus efectos se encuentran la disminución del estrés y el fortalecimiento de la denominada reserva cognitiva, entendida como la capacidad del cerebro para afrontar cambios y daños asociados con el envejecimiento.
En contraste, el aislamiento social prolongado puede tener consecuencias negativas. Según la especialista, la soledad se relaciona con una activación sostenida de mecanismos fisiológicos asociados al estrés y con una mayor inflamación sistémica, factores vinculados con deterioro cognitivo, depresión, ansiedad y un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares.
Los beneficios también alcanzan el terreno psicológico. La psicóloga Silvana Cardona señala que las relaciones saludables pueden favorecer la regulación emocional, la comunicación asertiva y la capacidad para resolver conflictos, además de contribuir al desarrollo cognitivo y al control de las respuestas impulsivas.
Sin embargo, los especialistas advierten que no basta simplemente con estar acompañado. La calidad de las relaciones resulta determinante y un vínculo saludable no significa la ausencia de desacuerdos, sino la posibilidad de afrontarlos, buscar soluciones y reconstruir la relación cuando se presentan dificultades.
De esta manera, cuidar las amistades, las relaciones familiares y los vínculos de pareja puede entenderse también como una práctica de cuidado de la salud. Compartir tiempo, conversar, mantener contacto afectivo y construir relaciones basadas en la confianza pueden aportar al bienestar emocional y cerebral y, junto con otros hábitos saludables, contribuir a una mejor calidad de vida.






