SANTA MARTA_ Comunidades indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta anunciaron la reapertura y control del Parque Nacional Natural Tayrona, desafiando el cierre oficial decretado por autoridades ambientales y el Estado colombiano, bajo el argumento de que no requieren “protección externa” para administrar y cuidar su territorio ancestral.
La decisión fue liderada por autoridades tradicionales indígenas —principalmente del pueblo kogui— quienes señalaron que la gestión del parque debe respetar la autonomía de sus pueblos y su derecho histórico sobre estas tierras. Según ellos, su presencia garantiza la seguridad y el manejo responsable del área, por lo que rechazaron la intervención estatal bajo supuestas necesidades de protección.
El parque, uno de los destinos naturales más importantes del Caribe colombiano reconocido por su biodiversidad y valor cultural, había sido cerrado recientemente por Parques Nacionales Naturales de Colombia y otros entes del Estado debido a supuestos riesgos para la seguridad pública y el orden dentro de la reserva.
Los líderes indígenas afirmaron que su movilización y toma de control se ha desarrollado de manera pacífica y organizada, con la intención de abrir un diálogo formal con el Gobierno nacional y las autoridades ambientales para lograr un modelo de coadministración del parque, que reconozca su autoridad tradicional e involucre a las comunidades en decisiones sobre uso del territorio, gestión ambiental y beneficios económicos.
Dentro de la nueva administración de facto, las comunidades han manejando los accesos al parque e incluso solicitado aportes voluntarios a los visitantes para financiar la logística y el sostenimiento de sus familias, según explicaron voceros indígenas.
Los reclamos también incluyen la restitución de espacios culturales y comunitarios dentro del parque y que se reconozca la participación real de los pueblos originarios en la gestión del Tayrona, en contraste con lo que consideran una histórica exclusión de estos procesos.
Aunque la situación permanece en desarrollo y se han planteado conversaciones con entidades gubernamentales para buscar soluciones a los reclamos indígenas, el control asumido por estas comunidades convierte al Parque Tayrona en un escenario de tensión entre las autoridades estatales y los pueblos originarios, con implicaciones políticas, culturales y ambientales en juego.





