SANTA MARTA_ En pleno corazón del centro histórico de Santa Marta, sobre la emblemática calle Grande (calle 17), entre la Avenida Campo Serrano (carrera quinta) y la carrera cuarta, yace una edificación que alguna vez albergó la sede de Aposmar durante más de 15 años. Hoy, lejos de ser un punto de referencia positivo, se ha convertido en una verdadera vergüenza para la ciudad.
El edificio, actualmente bajo la administración de la Sociedad de Activos Especiales (SAE), no solo permanece abandonado, sino que ha sido víctima del deterioro progresivo y de la «intervención visual» —presuntamente realizada por antiguos miembros del sindicato de la extinta empresa de apuestas— como forma de protesta para exigirle al Gobierno Nacional el cumplimiento de obligaciones laborales pendientes.
En un momento histórico tan importante como la conmemoración de los 500 años de fundación de Santa Marta, surgen preguntas inevitables: ¿Qué papel está jugando la SAE en la recuperación y uso estratégico de bienes históricos como este? ¿Qué acciones concretas se están llevando a cabo para devolverle a la ciudadanía un espacio que podría tener un uso cultural, comunitario o educativo?
El estado actual de esta edificación no solo atenta contra la memoria urbana, sino que contradice los esfuerzos que instituciones públicas, organizaciones culturales y ciudadanos están haciendo para revalorizar el patrimonio samario.
La ciudad no puede darse el lujo de llegar a su quinto centenario con símbolos de abandono y desidia en el corazón de su historia. La SAE tiene una responsabilidad urgente: no solo proteger estos bienes, sino activar su potencial social. ¿Será posible convertir esta vergüenza en una oportunidad?