Columna del profesor e investigador universitario Jaime Alberto Morón Cárdenas.
La primera vuelta presidencial del 31 de mayo de 2026 dejó dos fotografías que conviene leer en conjunto. Según el escrutinio oficial de la Registraduría Nacional, a nivel nacional Abelardo de la Espriella obtuvo 10.361.499 votos (43,74 %); Iván Cepeda 9.688.361 (40,90 %); Paloma Valencia 1.639.685 (6,92 %) y Sergio Fajardo 1.009.073 (4,26 %). La diferencia nacional fue de 673.138 votos a favor de De la Espriella. En el Magdalena la fotografía se invierte: Cepeda obtuvo el 55,33 % con 265.003 votos; De la Espriella el 40,83 % con 195.544; Valencia el 3,85 % con 18.421. El Departamento vota aproximadamente 17 puntos porcentuales por encima del promedio nacional a favor del Pacto Histórico. La pregunta de esta columna es doble: qué explica esa realidad territorial el 31 de mayo y qué dice sobre el comportamiento esperado del Magdalena en la segunda vuelta del 21 de junio.
La economía política ofrece cuatro herramientas conceptuales. Hotelling (1929) modeló la competencia espacial entre dos vendedores y mostró que ambos tienden al punto medio del mercado. Black (1948) y Downs (1957) formalizaron el resultado para la política electoral en el teorema del votante mediano: el candidato más cercano al votante mediano captura la franja decisiva. Fiorina (1981) señaló que el voto presidencial responde principalmente a la evaluación retrospectiva del gobierno saliente. Stokes, Dunning, Nazareno y Brusco (2013) documentaron que las maquinarias partidistas son eficaces en legislativas con voto preferente pero pierden eficacia en presidenciales. Las cuatro tradiciones predicen que el mismo electorado se comporta distinto según el tipo de elección.
El análisis combina fuentes oficiales: escrutinio presidencial y resultados del Senado 2022 y 2026 de la Registraduría Nacional; la GEIH del DANE 2025 y enero-febrero de 2026 sobre 41.135 personas-mes del Magdalena imputados a cada municipio por ponderación cabecera-rural según el CNPV 2018; la pobreza multidimensional municipal del CNPV; el recaudo predial per cápita del CHIP-FUT del Ministerio de Hacienda; y la categoría municipal certificada por la Contaduría General de la Nación. Las transferencias entre vueltas provienen de Atlas-Intel del 2 de junio de 2026. Una precisión metodológica: la comparación directa entre el porcentaje del Pacto en Senado y de Cepeda en presidenciales debe leerse con cuidado, pues el Senado se decide entre quince o más listas y la presidencial concentra el voto válido en tres candidatos; lo comparable son las correlaciones internas con variables municipales, invariantes a la estructura del menú electoral.
El primer hallazgo es la división territorial nítida. El norte bananero-costero fue hegemónicamente petrista. Los cinco municipios con mayor voto a Cepeda fueron El Retén (75,90 %), Algarrobo (72,96 %), Zona Bananera (72,06 %), Remolino (65,84 %) y Zapayán (62,37 %). Es un voto con base orgánica: la economía de plantación bananera y la pesca informal organizaron históricamente a la población trabajadora, y la memoria de la Masacre de las Bananeras de 1928 sostiene un imaginario receptivo al discurso redistributivo. El sur ribereño y la sabana ganadera fueron mayoritariamente de la nueva derecha: Santa Ana (66,95 %), Guamal (57,72 %), Pedraza (55,24 %), San Sebastián de Buenavista (54,70 %), Nueva Granada (54,21 %), El Banco (53,12 %) y Chivolo (53,54 %) forman un corredor opositor sobre el río Magdalena y la sabana del centro-sur, de tradición liberal-conservadora. La frontera no es estrictamente geográfica: hay enclaves petristas en pleno sur opositor —Pijiño del Carmen (55,18 %), Santa Bárbara de Pinto (57,69 %)— y enclaves opositores en el norte —Cerro de San Antonio (54,09 %) para De la Espriella—.
El segundo hallazgo es el desacople entre voto legislativo y presidencial. La pobreza multidimensional de 2018 se asocia con el voto a los partidos tradicionales en Senado en r = +0,946 y con el Pacto Histórico en r = −0,931. Frente al voto presidencial, las mismas variables presentan correlaciones menores: la pobreza se asocia con voto a Cepeda en r = −0,19 y con De la Espriella en r = +0,19. La pobreza explica el 90 % de la varianza intermunicipal del voto tradicional al Senado pero solo el 4 % del voto presidencial. La desviación estándar municipal del voto tradicional al Senado es de 7,4 puntos, mientras la del voto a Cepeda es de 11,9 y la de De la Espriella de 12,0. La evidencia es consistente con Stokes y otros (2013): las maquinarias clientelares que sostienen el voto al Senado en municipios pequeños, pobres y rurales pierden eficacia en presidenciales. Lo confirma que los cinco municipios con mayor voto tradicional al Senado votaron los cinco por De la Espriella: Pijiño del Carmen (81,8 %), San Sebastián (81,3 %), Sabanas de San Ángel (80,7 %), San Zenón (80,4 %) y Nueva Granada (80,1 %).
El tercer hallazgo es que el triunfo de Cepeda se explica por concentración demográfica antes que por penetración territorial uniforme. Santa Marta aportó 112.812 votos a Cepeda, el 42,6 % de los 265.003 votos departamentales, frente a 79.356 votos para De la Espriella: una ventaja de 33.456 votos solo en la capital, casi la mitad de los 69.459 votos de diferencia departamental. Ciénaga sumó 11.831 votos de ventaja adicional; Zona Bananera 10.199; Aracataca 3.690; Pivijay 3.003; Plato 2.972. Seis municipios produjeron cerca de 65.000 votos de ventaja, prácticamente toda la diferencia agregada. La población mediana de los once municipios opositores es de 20.819 habitantes, mientras la de los dieciocho municipios sin Santa Marta donde ganó Cepeda es de 33.061. La diferencia es demográfica.
El cuarto hallazgo se refiere a la segunda vuelta. La mediana del voto a Cepeda entre los treinta municipios del Magdalena es del 54,3 %, frente al 40,90 % nacional. El votante mediano del Departamento se ubica claramente a la izquierda del votante mediano nacional. Bajo el teorema de Downs (1957), el desplazamiento de los candidatos hacia el centro durante las tres semanas entre vueltas tendrá menor efecto marginal en el Magdalena, donde la franja decisiva ya está movilizada. La encuesta Atlas-Intel del 2 de junio reportó que el 76,4 % de los electores de Valencia transferiría su voto a De la Espriella, el 4,4 % a Cepeda y el 12,9 % al voto en blanco; entre los electores de Fajardo, el 24,2 % iría a Cepeda, el 18,9 % a De la Espriella y el 43,6 % al voto en blanco. En seis municipios del Magdalena el resultado de Cepeda quedó entre el 45 % y el 55 %: Concordia y Plato (55,0 %), Santa Marta (52,4 %), Salamina (51,9 %), El Piñón (49,4 %) y Fundación (47,1 %). Bajo el supuesto Atlas-Intel del 76,4 % de transferencia, solo Fundación cambiaría de signo: la suma de De la Espriella con la fracción transferida de Valencia alcanzaría el 48,4 %, superando levemente el 47,1 % de Cepeda.
El crecimiento potencial de Cepeda en segunda vuelta depende más de movilizar abstención en sus bastiones que de capturar municipios opositores. Cinco municipios concentran la bolsa principal: Ciénaga (25.967 votos, 60,0 %), Zona Bananera (14.635, 72,1 %), Aracataca (7.645, 61,7 %), Pivijay (7.442, 56,9 %) y El Retén (5.223, 75,9 %). Santa Marta es la mayor reserva con 112.812 votos. Bajo un modelo paramétrico con tres tasas de movilización adicional —repartidas según el patrón territorial con factor de eficiencia del 0,85 donde Cepeda ganó y del 0,50 donde perdió—, en el escenario pesimista (15 % de movilización) Cepeda crecería en 31.547 votos hasta 296.550; en el central (30 %) en 63.094 votos hasta 328.097; en el optimista (45 %) en 94.641 votos hasta 359.644. Santa Marta sola aportaría el 41 % del crecimiento. La referencia histórica es 2022: Petro creció en el Magdalena de aproximadamente 190.000 a 285.000 votos entre vueltas, una variación del 50 %. El escenario actual enfrenta una oposición más unificada por el respaldo confirmado de Valencia a De la Espriella, lo cual sugiere una magnitud de crecimiento inferior a la de Petro en 2022.
El ejercicio tiene limitaciones. Las correlaciones son condicionales, no causales identificadas, y se calculan sobre treinta observaciones municipales. Los supuestos paramétricos de transferencia se basan en una sola encuesta nacional sin variabilidad municipal; el factor de eficiencia de captura es razonable pero no calibrado contra datos longitudinales; el censo electoral municipal se estimó como el 70 % de la población 2025 y debe contrastarse con el dato oficial actualizado. La proyección no incorpora dinámicas de campaña entre el 1 y el 21 de junio. Con estas salvedades, los resultados son consistentes con la literatura comparada sobre comportamiento electoral subregional.
La implicación analítica es la siguiente. El Magdalena vota uniformemente tradicional al Senado porque las condiciones materiales del clientelismo describen a veintinueve de sus treinta municipios. Pero vota en dos geografías presidenciales opuestas porque los procesos históricos del norte bananero y el sur ribereño dejaron huellas distintas en la cultura política local. La victoria de Cepeda en el Departamento está estructuralmente asegurada por la geografía electoral del norte petrista y el peso demográfico de Santa Marta; la pregunta sustantiva no es si Cepeda ganará sino con qué margen, y ese margen depende menos de capturar municipios del sur ribereño que de movilizar la abstención en sus bastiones del norte. El Departamento puede aportar entre 30.000 y 95.000 votos adicionales al candidato del Pacto en segunda vuelta, una cifra significativa pero insuficiente por sí sola para revertir la brecha nacional de 673.000 votos. La decisión del 21 de junio dependerá del comportamiento de los votantes medianos de los otros 32 departamentos: donde la cultura política territorial sostiene una identidad histórica de izquierda, los modelos formales del votante mediano y del voto retrospectivo operan con magnitud distinta a la del promedio nacional (Morón, 2026).


